ARTÍCULO DE OPINIÓN POR:  Daniel Mitchell, Presidente Ejecutivo ACOPLÁSTICOS

La industria manufacturera en Colombia no está creciendo como debe. Se contrajo en el primer semestre de 2017 a una tasa de 1,5%, y su crecimiento en los cinco años anteriores (2012-2016) de 1,3% tampoco es una cifra para celebrar. Si bien para continuar una verdadera transformación productiva de la industria, que la impulse a crecer a tasas por encima de 6%, se requieren reformas estructurales de largo alcance en materia tributaria, energética, laboral, logística, de estabilidad jurídica, entre otros, existen medidas de más inmediato plazo que le podrían inyectar una dosis de dinamismo.

Lo primero, que ya se ha venido dando y así debe seguir, es la baja en la tasa de intervención del Banco de la República. En la medida que esto se vea reflejado en las tarifas del mercado, se estimulará el consumo de los hogares y se producirá un alivio en el capital de trabajo y las decisiones de inversión de las empresas. En este frente, se celebra la ampliación del subsidio a las tasas hipotecarias para viviendas con valores entre 99 y 320 millones de pesos, que no solo estimula la construcción, sino también todos los encadenamientos productivos -muchos de ellos industriales- que se derivan de esta actividad económica.

El rol de Bancóldex en dar un impulso inmediato al crecimiento industrial a través del crédito, también es crucial. Un Bancóldex que verdaderamente migre hacia un banco de primer piso, con una orientación de agencia de desarrollo, sería un gran aporte a la industria manufacturera colombiana.

A través de Bancóldex, se debería implementar un ambicioso modelo de créditos de largo plazo para la exportación, con tasas bajas, períodos de gracia amplios, modalidades de pago cómodas y condonaciones de deuda por cumplimiento de metas. En Canadá, por ejemplo, existen programas para incentivar las exportaciones de pymes, a través de los cuales se destinan recursos para cubrir hasta un 50% de costos para exportar derivados de estudios de mercado, herramientas de promoción, acercamiento a contactos, entre otros.

Otra medida para promover las exportaciones -en línea con propuestas de esta misma naturaleza de otros gremios y tanques de pensamiento- es implementar un sistema de “drawback”, similar al peruano, en el que se genera una devolución de aranceles, con base en la tarifa general, por las materias primas e insumos empleados para la fabricación de bienes exportados. Es decir, fortalecer el Plan Vallejo. La expedición reciente del Decreto que establece un arancel de 0% a las materias primas y bienes de capital no producidos en el país, y su próximo ajuste, es un paso positivo en esta misma dirección.

Resulta prioritario también seguir avanzando en facilitar los trámites de exportación para las empresas. Los procedimientos y criterios de inspección para la salida de mercancías se deben basar en perfiles de riesgo, particularmente en el caso de los operadores económicos autorizados. Así, se reducirían los tiempos y costos derivados de la salida de productos del país.

En esta dirección, sería deseable eliminar el cobro a las empresas por las inspecciones en los puertos de Cartagena y Barranquilla para la salida de mercancías del país. Este cobro significa un costo innecesario para los exportadores, así como un incentivo perverso y una ventana para el fraude. Sin embargo, de ser ineludible el cobro, este debería hacerse de manera regularizada con el fin de evitar arbitrariedades en el mismo.

En impuestos, agilizar las devoluciones a las empresas, y simplificar los procedimientos para acceder a beneficios tributarios de diversa naturaleza también significaría un alivio temporal para las empresas. Y en materia aduanera, la lucha contra el contrabando es una necesidad cada vez más apremiante. No se deben descartar medidas arancelarias diferenciadas por precio, similares a las implementadas recientemente para la cadena textil-confecciones, para otros sectores económicos. En el caso de la cadena petroquímica-plástica, por ejemplo, la importación de productos desde Venezuela a precios ostensiblemente bajos constituye un problema mayor. En este mismo frente, se celebraría agilizar los tiempos en la toma de decisiones de medidas antidumping y salvaguardias.

Finalmente, a través de convocatorias públicas, existe un buen potencial de promoción a la actividad industrial, especialmente en aquellas dirigidas a empresas que apuesten por la innovación, la modernización tecnológica y la transformación productiva. En este sentido, se avanzará en el camino correcto si se garantiza una asignación de recursos públicos generosa en el presupuesto nacional de la siguiente vigencia para la ciencia y tecnología, y para las entidades que promueven la innovación y la transformación productiva.

Autor: Daniel Mitchell, Presidente Ejecutivo  ACOPLÁSTICOS