Muchos de los productos más venidos en el mercado ‘entran por los ojos’ porque tienen un empaque impactante y diferente, que llama la atención de los clientes. Puede que una persona no tenga idea a que sabe un producto, pero por la simple curiosidad de cómo está dispuesto al público, lo compran.

En esto consiste el efecto ¡wow! infaltable en las estrategias de marketing, que aumenta las posibilidades de compra del producto por la experiencia que genera a sus consumidores. Así se captan más clientes.

El ‘packing’ es muy importante para cualquier industria porque se comporta como un elemento diferenciador frente a las otras marcas, crea un efecto de recordación, ayuda a posicionar la marca y genera conexión con la gente.

Sin embargo, no siempre las empresas le prestan la suficiente atención a este tema y tampoco lo ponen en su lista de prioridades, trayendo como consecuencia una posible devaluación del producto, porque aunque este sea muy bueno, si no tiene una buena presentación, simplemente, no va a ser muy comercializado. Todo hace parte de un conjunto.

Un paquete adecuado para su producto no solo impacta en el punto de vista del consumidor, sino que también mantiene el producto en buena calidad, permite un transporte higiénico, protege al producto e informa al consumidor sobre su contenido.

Neuropacking

Los estudios han señalado que los consumidores empiezan a formarse una imagen del producto desde la caja, por esto este debe ser asertivo.

Además, es un factor decisivo que influye en las decisiones de compra del consumidor porque al generarle algún tipo de emoción positiva, es muy probable que la persona compre producto.

Las empresas deben ser capaces de crear experiencias multisensoriales que vayan más allá de lo que se ve a primera vista. El uso que se hace de tipografías y de los colores debe desentrañar información sobre el producto en el subconsciente del consumidor.

Así, con solo una buena impresión, se puede hacer que un producto se convierta en el favorito de los consumidores.