La concepción tradicional del mantenimiento tiene como objetivo principal atender al equipo durante su vida operacional, mientras que la gestión de activos se enfoca en la toma de decisiones durante el ciclo completo, desde la adquisición del activo, pasando por su utilización, mantenimiento, renovación hasta su disposición final; como un sistema que involucra transversalmente a la empresa teniendo en cuenta ámbitos como finanzas, ingeniería, tecnología y operaciones.

La gestión de activos requiere analizar los riesgos de falla del activo, los impactos asociados a su desempeño, el costo de un freno en la operación, para tomar acciones de mantenimiento, bien sea preventivo o predictivo. A esto se suma la administración del personal de mantenimiento, el cual deberá estar en la capacidad de elaborar presupuestos y analizar la obsolescencia de activos, de acuerdo al funcionamiento histórico de los mismos.

“Cuando los activos están en uso es cuando se requiere mantenimiento, pero antes debió existir un planificación para su adquisición. Una vez llegan a la planta, el gestor de mantenimiento es quien debe velar porque la vida útil del activo se mantenga”, añade Cruz.

Aunque el mantenimiento se ha visto tradicionalmente como un procedimiento correctivo, visto de la gestión de activos se convierte en proceso predecible, que evita sobrecostos futuros. La gestión de mantenimiento hace parte de la gestión de activos y necesitan estar alineadas con los planes estratégicos del negocio. “La clasificación de los activos es un buen comienzo para aprovechar este modelo”, añade el experto.